La riqueza sobre la base de una verdadera comprensión de la manera como funciona la naturaleza. El éxito es la capacidad de convertir en realidad los deseos fácilmente. Conociendo y practicando las leyes espirituales, entraremos en armonía con la naturaleza para crear con espontaneidad. El éxito tiene muchos aspectos, y la riqueza material es solamente uno de sus componentes. Pero el éxito también se compone de salud, energía, entusiasmo por la vida, realización en las relaciones con los demás, libertad creativa, estabilidad emocional y psicológica, sensación de bienestar y paz. En realidad, somos la divinidad disfrazada, y el espíritu divino que vive dentro de nosotros en un estado embrionario busca materializarse plenamente. Por tanto, el éxito verdadero consiste en experimentar lo milagroso. Es el despliegue de la divinidad dentro de nosotros. Es percibir la divinidad en cualquier lugar a donde vayamos, en cualquier cosa que veamos. La fuente de toda creación es la divinidad (o el espíritu); el proceso de creación es la divinidad en movimiento (o la mente); y el objeto de la creación es el universo físico (del cual forma parte nuestro cuerpo).

1.LA LEY DE LA POTENCIALIDAD PURA: La primera ley espiritual del éxito es la ley de la potencialidad pura. Se basa en el hecho de que, en nuestro estado esencial, somos conciencia pura, es el campo de todas las posibilidades y de la creatividad infinita. Alegría pura, conocimiento puro, el silencio infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la simplicidad y la dicha. Ésa es nuestra naturaleza esencial.No existe separación entre nosotros y ese campo de energía. El campo de la potencialidad pura es nuestro propio yo. significa que nuestro punto interno de referencia es nuestro propio espíritu, y no los objetos de nuestra experiencia. Cuando vivimos según la referencia al objeto, buscamos constantemente la aprobación de los demás. Nuestra vida, por tanto, se basa en el miedo, sentimos una intensa necesidad de controlarlo todo. La referencia es nuestro ego. El ego es nuestra autoimagen, nuestra máscara social; es el papel que estamos desempeñando. Nuestro verdadero yo, que es nuestro espíritu, nuestra alma, está completamente libre de esas cosas. Es inmune a la crítica, no le teme a ningún desafío y no se siente inferior a nadie. Y, sin embargo, es humilde y no se siente superior a nadie, porque es consciente de que todos los demás son el mismo yo, el mismo espíritu con distintos disfraces. Por tanto, el poder del yo es el verdadero poder. El poder basado en el ego dura solamente lo que duran esas cosas. El poder del yo atrae a la gente y también a las cosas que deseamos. Una manera de tener acceso al campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica diaria del silencio, de la meditación y del hábito de no juzgar. Practicar el silencio significa comprometernos a destinar cierta cantidad de tiempo sencillamente a ser. Renunciar periódicamente a actividades tales como ver televisión, escuchar radio, o leer. En un principio, nuestro diálogo interno se vuelve todavía más turbulento. Cuando calla el diálogo interior, empezamos a experimentar la quietud del campo de la potencialidad pura. Por medio de la meditación aprenderemos a experimentar el campo del silencio puro y la conciencia pura. La quietud es el primer requisito para manifestar nuestros deseos. En ese silencio, hasta la menor intención avanzará formando ondas por el terreno subyacente de la conciencia universal, el cual conecta todo con todo lo demás. Otra manera de entrar en el campo de la potencialidad pura es por medio de la práctica del hábito de no juzgar. juzgar es evaluar constantemente las cosas para clasificarlas como correctas o incorrectas, buenas o malas. Debemos aprender a ponernos en contacto con la esencia más íntima de nuestro ser. Esa verdadera esencia está más allá del ego. No teme; es libre; es inmune a la crítica; no retrocede ante ningún desafío. No es inferior ni superior a nadie, y está llena de magia. A donde quiera que vayamos en medio del movimiento y la actividad, llevemos con nosotros la quietud. Pondré a funcionar la ley de la potencialidad pura comprometiéndome a hacer lo siguiente:

1) Me pondré en contacto con el campo de la potencialidad pura destinando tiempo todos los días a estar en silencio, limitándome sólo a ser. También me sentaré solo a meditar en silencio por lo menos dos veces al día, aproximadamente durante treinta minutos por la mañana y treinta por la noche.

2) Destinaré tiempo todos los días a estar en comunión con la naturaleza y ser testigo silencioso de la inteligencia que reside en cada cosa viviente. Me sentaré en silencio a observar una puesta del sol, o a escuchar el ruido del océano o de un río, o sencillamente a oler el aroma de una flor. En el éxtasis de mi propio silencio, y estando en comunión con la naturaleza, disfrutaré el palpitar milenario de la vida, el campo de la potencialidad pura y la creatividad infinita.

3) Practicaré el hábito de no juzgar. Comenzaré cada día diciéndome: «Hoy no juzgaré nada de lo que suceda», y durante todo el día me repetiré que no debo juzgar.

2.LA LEY DEL DAR: SI estamos dispuestos a dar aquello que buscamos, mantendremos la abundancia del universo circulando en nuestra vida. En realidad, practicar la ley del dar es muy sencillo: si deseamos alegría, démosles alegría a otros; si deseamos amor, aprendamos a dar amor; si deseamos atención y aprecio, aprendamos a prestar atención y a apreciar a los demás; si deseamos riqueza material, ayudemos a otros a conseguir esa riqueza. En realidad, la manera más fácil de obtener lo que deseamos es ayudar a los demás a conseguir lo que ellos desean. Pondré a funcionar la ley del dar comprometiéndome a hacer lo siguiente:

1) Llevaré un regalo a cualquier lugar a donde vaya y para cualquier persona con quien me encuentre. Ese regalo puede ser un elogio, una flor o una oración. Hoy les daré algo a todas las personas con quienes me encuentre, para iniciar así el proceso de poner en circulación la alegría, la riqueza y la prosperidad en mi vida y en la de los demás.

2) Hoy recibiré con gratitud todos los regalos que la vida me dé. Recibiré los obsequios de la naturaleza: la luz del sol y el canto de los pájaros.

3) Cada vez que me encuentre con alguien, le desearé en silencio felicidad, alegría y bienestar.

3.LA LEY DEL «KARMA» O DE CAUSA Y EFECTO: Toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera. En esencia, todos somos escogedores de opciones infinitas. Desafortunadamente, muchos de nosotros tomamos decisiones inconscientemente. Yo podría ofenderle, y usted podría optar por no permitir que mi ofensa la afectara. El universo tiene un mecanismo muy interesante para ayudarnos a tomar decisiones correctas. Se relaciona con las sensaciones del cuerpo, las cuales son de dos tipos: de bienestar o de malestar. Podemos preguntarnos: «¿Qué puedo aprender de esta experiencia? ¿Por qué me está sucediendo esto y cuál es el mensaje que el universo trata de comunicarme?». Pondré a funcionar la ley del karma comprometiéndome a hacer lo siguiente:

1) Hoy observaré las decisiones que tome en cada momento. Y con el simple hecho de observar esas decisiones, las traeré a mi conciencia. Sabré que la mejor manera de prepararme para cualquier momento en el futuro es estar totalmente consciente en el presente.

2) Siempre que haga una elección me formularé dos preguntas: «¿Cuáles son las consecuencias de esta decisión?» y «¿Traerá esta decisión felicidad y realización tanto para mí como para aquellos a quienes afectará?»

4.LA LEY DEL MENOR ESFUERZO: La inteligencia de la naturaleza funciona con toda facilidad y despreocupación. Ése es el principio de la menor acción, de la no resistencia. Por consiguiente, es el principio de la armonía y el amor. La hierba no tiene que hacer ningún esfuerzo para crecer; sencillamente, crece. Los peces no se esfuerzan para nadar; sencillamente, nadan. Pondré a funcionar la ley del menor esfuerzo comprometiéndome a hacer lo siguiente:

1) Practicaré la aceptación. Hoy aceptaré a las personas, las situaciones, las circunstancias y los sucesos tal como se presenten. Sabré que este momento es como debe ser, porque todo el universo es como debe ser. No lucharé contra todo el universo poniéndome en contra del momento presente. Mi aceptación es total y completa. Acepto las cosas como son en este momento, no como me gustaría que fueran.

2) Habiendo aceptado las cosas como son, aceptaré la responsabilidad de mi situación y de todos los sucesos que percibo como problemas. Sé que asumir la responsabilidad significa no culpar a nada ni a nadie de mi situación (y eso me incluye a mí). También sé que todo problema es una oportunidad disfrazada, y que esta actitud de alerta ante todas las oportunidades me permite transformar este momento en un beneficio mayor.

3) Hoy mi conciencia mantendrá una actitud no defensiva. Renunciaré a la necesidad de defender mi punto de vista. No sentiré la necesidad de convencer o persuadir a los demás de que acepten mi punto de vista. Permaneceré abierto a todas las opiniones sin aferrarme rígidamente a ninguna de ellas.

5.LA LEY DE LA INTENCIÓN Y EL DESEO: La intención, combinada con el desapego, lleva a una conciencia del momento presente centrada en la vida. Y cuando la acción se realiza teniendo conciencia del momento presente, su eficacia es máxima. La intención mira hacia el futuro, pero la atención está en el presente. Mientras la atención esté en el presente, la intención hacia el futuro se cumplirá porque el futuro se crea en el presente. Debemos aceptar el presente tal como es. Aceptemos el presente y proyectemos el futuro. El futuro es algo que siempre podemos crear por medio de la intención desapegada, pero nunca debemos luchar contra el presente. La intención es el verdadero poder detrás del deseo. La sola intención es muy poderosa, porque es deseo sin apego al resultado. Pondré a funcionar la ley de la intención y el deseo comprometiéndome a hacer lo siguiente:

1) Haré una lista de todos mis deseos, y la llevaré a donde quiera que vaya. Miraré la lista antes de entrar en mi silencio y mi meditación. La miraré antes de dormir por la noche. La miraré al despertar por la mañana.

2) Liberaré esta lista de mis deseos y la entregaré al seno de la creación, confiando en que cuando parezca que las cosas no están saliendo bien, hay una razón, y en que el plan cósmico tiene para mí unos designios mucho más importantes que los que yo he concebido.

3) Recordaré practicar la conciencia del momento presente en todos mis actos. No permitiré que los obstáculos consuman o disipen la concentración de mi atención en el momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y proyectaré el futuro a través de mis intenciones y mis deseos más profundos y queridos.

6.LA LEY DEL DESAPEGO: Para adquirir cualquier cosa en el universo físico, debemos renunciar a nuestro apego a ella. El desapego se basa en la confianza incuestionable, en el poder del verdadero yo. El apego, en cambio, se basa en el miedo y en la inseguridad. Pondré a funcionar la ley del desapego comprometiéndome a hacer lo siguiente:

1) Hoy me comprometeré con el desapego. Me permitiré y les permitiré a los que me rodean la libertad de ser como somos. No impondré tercamente mi opinión de cómo deben ser las cosas. No forzaré las soluciones de los problemas, y, por tanto, no crearé con eso otros nuevos. Participaré en todo con absoluto desprendimiento.

2) Hoy convertiré a la incertidumbre en un elemento esencial de mi experiencia. Y gracias a esa disponibilidad para aceptar la incertidumbre, las soluciones surgirán espontánea mente de los problemas, de la confusión, del desorden y del caos. Cuanto más inciertas parezcan las cosas, más seguro me sentiré porque la incertidumbre es el camino hacia la libertad. Por medio de la sabiduría de la incertidumbre, encontraré mi seguridad.

3) Penetraré en el campo de todas las posibilidades y esperaré la emoción que tiene lugar cuando me mantengo abierto a una infinidad de alternativas. Cuando entre en el campo de todas las posibilidades, experimentaré todo el regocijo, la aventura, la magia y el misterio de la vida.

7.LA LEY DEL «DHARMA» O PROPÓSITO EN LA VIDA: Todo el mundo tiene un propósito en la vida… un don único o talento especial para ofrecer a los demás. Y cuando combinamos ese talento único con el servicio a los demás, experimentamos el éxtasis y el júbilo de nuestro propio espíritu, que es la meta última de todas las metas. Pondré a funcionar la ley del dharma comprometiéndome a hacer lo siguiente:

1) Hoy cultivaré con amor al dios en embrión que reside en el fondo de mi alma. Prestaré atención al espíritu interior que anima tanto a mi cuerpo como a mi mente. Despertaré a esa quietud profunda del interior de mi corazón. Mantendré la conciencia del ser atemporal y eterno, en medio de la experiencia limitada por el tiempo.

2) Haré una lista de mis talentos únicos. Después haré una lista de las cosas que me encanta hacer cuando estoy expresando mis talentos únicos. Cuando expreso mis talentos únicos y los utilizo en servicio de la humanidad, pierdo la noción del tiempo y produzco abundancia tanto en mi vida como en la vida de los demás.

3) Todos los días me preguntaré: «¿Cómo puedo servir?» y «¿Cómo puedo ayudar?» Las respuestas a estas preguntas me permitirán ayudar y servir con amor a los demás seres humanos.

La mente universal es la coreógrafa de todo lo que sucede en miles de millones de galaxias y hace su trabajo con una precisión exquisita y con una inteligencia inquebrantable. Su inteligencia es máxima y suprema e impregna cada fibra de la existencia: desde la más pequeña hasta la más grande, desde el átomo hasta el cosmos. Todo lo que vive es expresión de esta inteligencia. Y esta inteligencia actúa a través de las siete leyes espirituales.

Esta existencia nuestra es tan transitoria como las nubes del otoño. Observar el nacimiento y la muerte de los seres es como mirar los movimientos de una danza. Una vida es como un relámpago en el cielo, que se desliza veloz como un torrente por la pendiente de una montaña. Nos hemos detenido momentáneamente para encontrarnos unos a otros, para conocernos, amarnos y compartir. Este es un momento precioso, pero transitorio. Es un pequeño paréntesis en la eternidad. Si compartimos con cariño, alegría y amor, crearemos abundancia y alegría para todos. Y entonces este momento habrá valido la pena.

Quisiera conocer los pensamientos de Dios… lo demás son detalles. – ALBERT EINSTEIN